Superando Obstáculos hasta la meta


¡Qué poderosa es la mente!
Cuando los temores me asaltan y 

me hacen cambiar los esquemas
mi cuerpo entero responde 
haciéndome sentir mucha pena.
En mi interior está la partida
para llegar a la meta,
el entusiasmo, el estímulo,
la constancia y el aliento;


o las gradas donde me siento
para ver a otros correr,
luchar y ver el fruto de sus intentos,
lamiéndome las heridas
que nunca he dejado que curen,
Para emprender la partida
hacia lo mejor de la cumbre.

Puedo llegar a vivir
cosas que solo están en mi pensamiento
y que se transmiten sin pedir
a todo mi ser completo.

Con mi mente puedo construir mi felicidad,
vivir para verla hecha realidad
pero también me puedo ensimismar
en fracasos tras fracasos tal vez, que ni son verdad.

Puedo decidir vencer o perder,
para vencer se necesita valor
para perder solo autocompasión.

Mi mente hace que mis pies caminen,
que dejen huellas que perduren,
que mis manos se abran y toquen vidas,
que marquen y llenen corazones sin medida.


Ella hace que mis labios expresen las virtudes
de mi prójimo aunque tenga vicisitudes,
que lo animen a salir victorioso
de sus problemas tormentosos.

Mi mente hace que mis rodillas se doblen
y postrada de gracias al Creador
por el pan de cada día
y por su grande e infinito amor.


Mi mente siempre está en funcionamiento
siempre buscando un argumento
para procesarlo y almacenarlo
si es valioso y valedero.


No quiero que mi mente guarde
amarguras, egoísmos y fracasos
ni pesimismo ni desaliento
sino que sea optimista aún en el ocaso
que se atreva a triunfar siempre firme en sus pasos.


Por Mery Bracho

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